
Pero lo que realmente nos hace únicos somos nosotros mismos. Una afición que es capaz de llevar a Santander cerca de 3.000 personas que pagan entre 30 y 85 euros. Una afición que hace 25 horas de cola en San Mamés para ver el partido de la salvación. Una afición que también hace colas en los cajeros de las sucursales bancarias de la BBK porque allí también pueden conseguir una entrada. Una afición que no hace falta que le regalen las entradas o que las rebajen a 2 euros para llenar un estadio. Una afición que no ha dado la espalda a su equipo pese a los malos resultados de las dos últimas temporadas. ¿Y todo esto por qué? Porque no somos del Athletic, somos el Atheltic.
Y ayer no podíamos fallar. Llenazo en el estadio y llenazo en los alrededores. La calle Licenciado Poza -más conocida como Pozas- la abarrotábamos desde varias horas antes del inicio del partido. Cantábamos, animábamos, intentábamos calmar los nervios y nos refrescábamos para soportar los más de 25 grados de la capital vizcaína.
Dentro del campo tres cuartos de lo mismo. La afición como en las grandes ocasiones. Inmejorable. De matrícula de honor. Animamos antes y durante el partido. Sufrimos hasta el 1-0, aunque no tanto como se esperaba gracias a los buenos resultados de otros campos. Seguimos sufriendo un poquito más hasta el segundo porque el Celta había remontado. Después, celebrar la salvación. Y cuando acabó el partido, silbidos y pañuelos para despedir a la plantilla. Ahora toca periodo de una profunda reflexión de cara a las próximas elecciones del 12 de julio.
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