
El penalti del segundo gol es lo nunca visto. Ronaldinho asiste magistralmente a Henry, éste dispara mal y deja la pierna atrás intencionadamente hasta golpear en la cara a Iraizoz. El portero acaba con el labio partido y una tarjeta amarilla. Pero el cuadro arbitral no había acabado su función. Cuando el Athletic se metía en el partido con el gol de Susaeta, un disparo de Touré Yaya bota sobre la línea tras pegar en el larguero. Los azulgranas ni se molestan en protestar, pero Megía, veinte segundos después del disparo, da gol a instancias de uno de sus asistentes. Tras estos errores, el colegiado trató de compensar con constantes e intrascendentes faltas a favor de los rojiblancos en el centro del campo. Las únicas decisiones en las que acertó fueron las expulsiones de Márquez y Koikili.
Olvidando el árbitro, el Barcelona fue muy superior al Athletic en una primera parte magistral liderada por Ronaldinho. El brasileño abrió el marcador con un golazo de falta -que también se podría discutir- y anotó el penalti. Los catalanes presionaron con agresividad y los rojiblancos perdían el balón con rapidez. Con la posesión a su favor, imprimieron mucha velocidad al esférico y con amplitud por las bandas. Cuando el Barcelona está así, es insuperable.
La segunda parte fue algo más equilibrada ayudado por la relajación de los blaugrana. Con más posesión por parte del Athletic, apareció Susaeta, un joven con ficha del Bilbao Athletic que debutaba en Primera. Y fue de largo el mejor jugador rojiblanco. Suyas fueron las mejores oportunidades, marcó, tuvo descaro, bonitos gestos técnicos y siempre pidió la pelota. Sin duda alguna, fue la mejor noticia del partido de ayer.
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